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miércoles, 22 de octubre de 2014

La Ofensiva del 1º Agosto en Asturies



El pasado 13 de septiembre se llevaron a cabo en Grullos las III Jornadas de Recreación Histórica del Frente del Nalón.  En esta ocasión vinieron a representar el ataque al monte Cimeru dentro de la que fue la última ofensiva llevada a cabo por el Ejército de Asturias durante la guerra.  Esta operación, conocida habitualmente por la ofensiva del 1 de Agosto, era mucho más modesta en su concepción y medios que las emprendidas en Octubre del 36 contra Oviedo, en diciembre del 36 contra el pasillo de Grau o la de Febrero del 37, la más poderosa de cuantas se llevaron a cabo en el frente asturiano contra Oviedo y el pasillo y que dejó exhausto al Ejército de Asturias.

Jugando un poco con la Historia, a continuación intentaré presentar una narración de aquellos hechos al tiempo que las ilustro, en la medida de lo posible, con imágenes tomadas en la recreación. 


 La operación comenzó a gestarse en el mes de julio. Para entonces Bilbao había caído y la bolsa republicana en el norte se limitaba a la mayor parte de la provincia de Santander y el territorio asturleonés controlado por el Consejo de Asturias y León. Con el fin de aliviar la presión que las fuerzas rebeldes ejercían sobre las tropas republicanas el coronel Vicente Rojo llevó a cabo una ofensiva en el frente madrileño que distrajese un número considerable de fuerzas que de otro modo podían terminar invadiendo Santander. Esta ofensiva derivó en la exitosa batalla de Brunete. Con el fin de explotar la iniciativa ganada, desde el Estado Mayor central se instó al general Gamir Ulibarri, Jefe del Ejército del Norte, que pusiera en marcha alguna operación ofensiva. Tras transmitir la orden a los respectivos Jefes de Estado Mayor de los Cuerpos de Ejército Vasco, Santanderino y Asturiano, el único que planteó una operación estudiada y detallada fue el asturiano. En ella se planteaba un ataque local sobre los montes Cimeru, La Manga y Cotaniello que, próximos a las líneas republicanas, protegían el paso de Peñaflor y la comunicación directa con Oviedo a través del pasillo de Grau. Tomar estas alturas supondría en la práctica reestablecer el cerco total a Oviedo.

Una vez aprobado el plan por el Estado Mayor Central, se comienza a poner en marcha todo el operativo. Sin embargo, ya desde el principio las cosas comienzan a torcerse para la causa republicana. El Jefe del Estado Mayor del Ejército del Norte, Lamas Arroyo, persona de toda confianza del general Gamir era, secretamente, partidario de los sublevados a los cuales no tardó en informar sobre la futura operación que se llevaría en aquellas tres alturas tan estratégicas del pasillo. Aun cuando no exista constancia de que su aviso llegase a oídos del Cuartel General de Dávila es innegable que mal comenzaba la operación.

Trincheras en la peña de La Escrita, uno de los puntos que sirvió de base a la ofensiva de agosto
 
El ataque quedó fijado para el día primero  de agosto, y la hora dependería de las condiciones meteorológicas, pues la zona, por la abundancia de ríos y vegetación, era propensa a las neblinas. Gracias a las informaciones facilitadas por dos soldados pasados a las líneas republicanas se sabía que las tres alturas se hallaban guarnecidas por el 3er Batallón del Regimiento de Infantería Mérida nº35 así como por una compañía del Tercio de Requetés Galicia. Estas tropas contaban además con abundante material: 10 ametralladoras, 9 fusiles ametralladores, 5 morteros y un cañón de montaña Schneider de 70mm. Además, se sabía que contaban con baterías artilleras en el monte de La Parra (3), Prahúa (3) y Vega de Anzo (1) y que el número de tropas de reserva era limitado debido a la retirada de efectivos para contener la ofensiva en el centro.

El asalto iría precedido de un bombardeo de la aviación, para lo cual se concentraron todos los aparatos posibles en los aeródromos más próximos, La Guía en Xixón, El Valle en Carreño y Colunga. La aviación además, debería proporcionar constante cobertura aérea, apoyando los asaltos de la infantería mediante bombardeos y ametrallamientos de las posiciones atacadas. La artillería por su parte sería ampliamente reforzada sustrayendo baterías de otros sectores con el fin de crear barreras de fuego que cubrieran el avance de los infantes al tiempo que imposibilitaran el acceso de reservas enemigas al sector atacado.

Placa levantado sobre los restos del aeródromo de El Valle, en Carreño, una de las principales bases de la aviación republicana en Asturies
 
La infantería contaría igualmente con el apoyo de una compañía del Regimiento de Carros de Combate compuesto por cinco vehículos Renault FT17 y BA-6. Su objetivo sería avanzar por la carretera desde Grullos en dirección Cuero para cortar la retaguardia enemiga aislando las posiciones en el alto de los refuerzos que pudieran venir a través del paso de Peñaflor.

En cuanto al elemento más importante, la infantería que realizaría los asaltos, estaba compuesta por tres divisiones y una brigada. De estas, la denominada División Asturiana de Choque (Mayor de milicias Luis Bárzana) y la División de Reserva del III Cuerpo de Ejército (Ramón Garsaball) serían las encargadas de efectuar el asalto inicial, quedando la División de Choque Montañesa y la brigada vasca como unidades de reserva. Todo el conglomerado de tropas se concentró en Avilés antes de partir a las posiciones desde las cuales se lanzaría la ofensiva, en el sector de Grullos y sierra del Pedrosu. Dentro de las tropas de infantería había muchos soldados de los últimos reemplazos que carecían de experiencia en combate. Las distintas fracasadas ofensivas por Oviedo así como los combates en Euskadi habían desgastado mucho las filas republicanas, perdiéndose muchos combatientes experimentados que eran reemplazados por quintos sin la formación ni el espíritu combativo de los primeros.

Milicianos del batallón 253

 Pese a la traición del Jefe del E.M. de Gamir Ulibarri como la poco discreta concentración de tropas en Avilés, Aranda no tomó ninguna medida adicional en las posiciones del sector, lo que podría indicar que, finalmente, no recibieron información sobre el ataque o no la tomaron en serio. En principio el plan consistía en que la división asturiana de Choque avanzase desde las posiciones de La Escrita sobre las alturas de La Manga y Cotaniello, bajando después sobre Cuero y Peñaflor. La División de Reserva partiría desde El Pedrosu para tomar el Cimeru y, seguidamente el Picu l’Arca y el altu de Pereda, para después continuar tomando Soto y el alto de La Parra, con lo que cortarían tan vital carretera.

Durante la noche, grupos de zapadores se destacaron hacia las posiciones rebeldes para cortar las alambradas y abrir paso a los infantes. En muchos puntos las alambradas tendidas por las tropas franquistas alcanzaban los cuatro metros de profundidad, se abrieron trincheras de aproximación y pozos desde los cuales posicionar las ametralladoras, así como tender las líneas telefónicas necesarias para enlazar las baterías artilleras y los diferentes puestos de mando con el Cuartel General de Gamir.




La guarnición de requetés del Tercio de Galicia defiende la posición sin percatarse del trabajo de los zapadores, que abren pasos en las alambradas

 A las cinco de la mañana los batallones se encuentran listos para el asalto, pero la cortina artillera no aparece por ningún lado. Los camiones que deberían haberles proporcionado las municiones necesarias no aparecen por ningún lado. Se produce un caos logístico que da al traste con la planificación. Las municiones no llegan o lo hacen de forma insuficiente, llegan proyectiles de modelos equivocados, otros llegan oxidados y son irrecuperables. A las 7:30 de la mañana la artillería sigue sin tener el municionamiento completo. Permanece muda.

Los batallones republicanos parten de sus posiciones sin que se haya disparado un sólo proyectil que ablande las posiciones enemigas, destruya sus alambradas y parapetos u obligue a los defensores a resguardarse en los refugios y darles un respiro a los asaltantes durante la aproximación. Tal es así que serán los propios rebeldes con su única pieza de artillería, el cañón de montaña de 70mm el que abra primero el fuego. Son ya las 9:30 de la mañana y ya es de día.

En las trincheras republicanas a lo largo de la sierra del Pedrosu permanecen varios miles de hombres agazapados en las trincheras, intentando mantenerse ocultos a los ojos del enemigo.

A las 11 de la mañana comienza la artillería republicana a batir las posiciones facciosas. Se han perdido muchas horas, el factor sorpresa y la protección que otorga la oscuridad de la noche. Trece baterías desde distintas partes del frente apoyan la ofensiva. Seguidamente comienza el fuego de contrabatería sobre las posiciones republicanas en la Sierra del Pedrosu. El intercambio artillero es tenaz. Con retraso hace aparición la aviación republicana. Tras el despegue dos aparatos han chocado y caído al mar, lo que ha roto la formación y provocado un retraso en su aparición que viene a sumarse al caos vivido con la artillería. Pero aunque todo parece ir de mal en peor la operación sigue adelante. 

Las alturas de La Manga, Cotaniello y el Cimeru son ametralladas por los aparatos republicanos, 12 chatos I-15, 3 Bristol Bulldog y 3 Koolhoven FK-51.

Mientras tanto las posiciones atacadas son reforzadas con todos los elementos de reserva disponibles. Así, infantes de marina acantonados en Cuero suben  hacia La Manga y Cotaniello, mientras que una compañía de infantería de reserva en Bolgues refuerza a la guarnición del Cimeru, aun teniendo que hacerlo bajo el fuego enemigo.

La hora H para el asalto se establece en las 13:45, así que poco antes de la una los batallones reciben la orden de comenzar la aproximación. La distancia entre las líneas es de apenas 400 metros, pero deben hacerse pendiente arriba por unas laderas peladas que ofrecen pocos lugares en los que ocultarse. El fuego de cobertura se intensifica y la aviación sigue efectuando sus pasadas, pero el fuego desde las posiciones facciosas no se apaga. Los infantes de la 3ª Brigada de la División de Reserva realizan el primer asalto sobre el Cimeru, mientras los de la 10ª lo hacen sobre La Manga. La ascensión es lenta y penosa, bajo el fuego de las numerosas ametralladoras enemigas que no cesan de disparar. Las bajas crecen sin parar. Las vanguardias van formadas por los batallones más curtidos para aprovechar su experiencia en combate, pero resultarán severamente castigados.



Comienza el asalto














 










Los milicianos de la 3ª consiguen tomar la primera línea defensiva del Cimeru. Los defensores por su parte, han levantado un reducto central con alambradas, sacos terreros y parapetos de piedra desde el que resisten estoicamente, causando estragos entre los milicianos. Apenas han transcurrido 45 minutos y las bajas son muy numerosas. No se ha logrado tomar ninguna altura completamente aun cuando parte de las posiciones franquistas en La Manga y Cimeru ya están en posesión de las tropas del Ejército Popular.






La primera línea de trincheras es ocupada por las vanguardias de las milicias. Los defensores se retiran al reducto central desde el que hacen fuego nutrido.

La aviación por su parte sigue intensificando su acción. La cercanía de los aeródromos le permite multiplicar sus salidas para compensar su número, pero, accidentes aparte, también ellos comienzan a sufrir el desgaste de la ofensiva, ya sea por averías mecánicas como por la acción del fuego antiaéreo principalmente de los cañones Flak 30 de 20mm emplazados en Gráu y L’Escampleru.

A las 15h en el puesto de mando de la División de Choque Asturiana se cree que La Manga puede haber sido tomada por sus tropas aunque carecen de confirmación. Sin embargo, en el Cimeru la cosa sigue sin estar bien, pues algunas unidades han tenido que replegarse por falta de munición, al tiempo que refuerzos enemigos comienzan a desplegarse en torno de las fuerzas propias allí destacadas.

Con las vanguardias ocupando la primera línea franquista en el Cimeru, se solicita que la batería con mejor puntería se dedique a efectuar tiro de precisión sobre el reducto levantado por los rebeldes en lo alto del pico, al tiempo que otras se dediquen a martillear las posiciones sobre el Altu Pereda, con el fin de que la 3ª Brigada pueda volver a asaltar el Cimeru y la 2ª el Picu l’Arca.

De nuevo el bombardeo por artillería y aviación machaca las posiciones franquistas previo a los nuevos asaltos que se están organizando. Entre tanto, las brigadas de milicianos  intentan mantener sus posiciones al tiempo que baten las enemigas. Sin embargo, comienzan a sufrir problemas de municionamiento que disminuye la efectividad de su fuego.

En otro sector del ataque, los carros de combate, que se encontraban agrupados en el alto de La Reigada, inician su avance sobre la población de Cuero a fin de apoyar los asaltos sobre La Manga y Cotaniello e impedir el acceso de reservas. Durante gran parte de su trayecto se hallan bajo la visual de las posiciones rebeldes en la zona de Prahúa, por lo que al llegar a las proximidades de Cuero desde la carretera de Grullos las piezas antitanque facciosas están preparadas esperándoles. Abren fuego cuando los carros apenas están a 150 metros de las alambradas haciendo blanco sobre el primer vehículo de la columna. Dado que la carretera es poco más que una caleya de tierra pisada, al quedar inmovilizada la unidad de cabeza el resto de la columna queda detenida, sin posibilidad de progresar ni de maniobrar de ningún modo, por lo que, peligrosamente expuesta al fuego antitanque enemigo tiene que retirarse marcha atrás, finalizando de forma un tanto lastimosa su participación en la ofensiva.
 

Blindados BA-06 de origen ruso que junto a los renault FT-17 tomaron parte en el fallido ataque a Cuero

 A media tarde Bárzana, que se encuentra al mando de la división de Choque comunica que, en contra de lo que se pensaba unas horas antes, La Manga no ha sido tomada, por lo que se organiza un nuevo asalto, que tendrá lugar poco después de las nueve de la tarde. Al igual que en los asaltos precedentes, los combatientes republicanos llegan hasta las alambradas y las primeras trincheras, pero el denso fuego de ametralladora causa verdaderos estragos en las filas de los atacantes, que se ven obligados a replegarse dejando tras de sí el terreno cubierto de muertos y heridos. Para entonces ya se contabilizan más de medio millar de bajas por los servicios de Sanidad Militar aparte los numerosos muertos que yacen abandonados en el campo de batalla.




Se suceden los asaltos. Las unidades de vanguardia comunican mediante el empleo de banderas la toma de distintas posiciones enemigas al tiempo que sirven de señal para el asalto de segundos escalones. Las bajas van en aumento de forma sustantcial.

 A las 22h, ya una vez ha anochecido, se reorganizan las maltrechas tropas de la División de Reserva del mayor de milicias Ramón Garsaball para atacar de nuevo el Cimeru. Este asalto se produce casi hora y media después, pero se verá abortado al ser bombardeados los asaltantes por una fuerte cortina de fuego que la artillería franquista hace caer desde sus posiciones en La Parra, Picaroso y Prahúa.  A medianoche, aún se intentará un nuevo ataque sobre La Manga que resultará igualmente fallido. El último asalto se realizará a las cuatro de la mañana, pero para entonces las fuerzas republicanas estarán exhaustas y las pérdidas humanas terribles.





Tras el fracaso de los asaltos los defensores rebeldes recuperan las posiciones perdidas mediante contraataques que causan igualmente grandes cantidades de bajas entre los milicianos en retirada.

Como suele ocurrir en las derrotas, y más cuando son tan estrepitosas, comienzan a circular rumores entre la tropa acusando a los mandos de haberlos enviado a una carnicería. Batallones enteros han quedado totalmente diezmados. Las cifras hablan por sí solas. El ejército republicano ha tenido unas 870 bajas, entre muertos y heridos, mientras que por parte franquista solamente han de lamentar 23 muertos y 165 heridos. Pese al enorme esfuerzo del Ejército del Norte, que a las tres divisiones de infantería a añadido un enorme despliegue de artillería, aviación y tanques (en la medida de las escasas disponibilidades en este frente, pero aun así muy superiores a lo que podían oponer las tropas franquistas) no se ha conquistado ni uno sólo de los objetivos inicialmente fijados. La aviación republicana, exigua en el Frente Norte y con gravísimos problemas para reponer pérdidas, tendrá que lamentar la pérdida completa de un bombardero ligero Potez 25, otro Gourdou Lesseure GL-32, un caza Polikarpov I-15 “Chato” y uno Bristol Bulldog II. Además, al menos dos Bristol Bulldog más tendrán que pasar a talleres tras resultar tocados y tener que realizar aterrizajes de emergencia. En total fallecerán cinco aviadores y dos más resultarán con heridas.

Los fallos logísticos han debilitado grandemente la ofensiva, retrasando su comienzo previsto al amparo de la oscuridad de la noche a la plena luz del día, al tiempo que baterías y tropa se han visto en varias ocasiones faltas de munición con la que luchar. Por otra parte, pese al valor innegable de una tropa enviada en repetidas ocasiones ladera arriba al asalto de posiciones bien defendidas por tropas disciplinadas, muchas de estas carecían de preparación por ser reclutas de los últimos reemplazos, llegándose al absurdo de ser muchos de ellos instruidos por vez primera en el empleo de granadas durante la jornada previa al asalto. Por último, y en lo que fue tónica general en la guerra en Asturias, la falta de mandos intermedios cualificados que supieran mantener la cohesión de la tropa en todo momento, interpretar las órdenes y maniobrar según la situación cambiante del campo de batalla resultó un factor clave para el fracaso de las operaciones. Esta carencia fue decisiva en todas las ofensivas emprendidas por las milicias asturianas que, si bien se batían admirablemente bien a la defensiva, en el ataque resultaban mucho menos eficientes pese al derroche de valor y al elevado nivel de combatividad que, una y otra vez, demostraron en el campo de batalla.

Poco después, las fuerzas franquistas caían sobre Santander, cuyo frente se hundió en pocos días gracias, entre otras cosas, a la defección del Euzko Gudarostea, el ejército vasco afín al PNV, que se rindió en masa a las tropas italianas tras las negociaciones llevadas a cabo para cesar en la lucha una vez perdido el territorio de Vizcaya. Enormes cantidades de tropas y material quedarían en manos de las tropas del general Dávila en las bolsas santanderinas. En Asturias, los restos salvados de la debacle y los batallones que defendían los diferentes frentes combatirían a la desesperada durante casi dos meses hasta la derrota final el 21 de octubre de 1937.

Pero eso es otra historia.

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