El pasado 13 de septiembre se
llevaron a cabo en Grullos las III Jornadas de Recreación Histórica del Frente
del Nalón. En esta ocasión vinieron a
representar el ataque al monte Cimeru dentro de la que fue la última ofensiva
llevada a cabo por el Ejército de Asturias durante la guerra. Esta operación, conocida habitualmente por la
ofensiva del 1 de Agosto, era mucho más modesta en su concepción y medios que
las emprendidas en Octubre del 36 contra Oviedo, en diciembre del 36 contra el
pasillo de Grau o la de Febrero del 37, la más poderosa de cuantas se llevaron
a cabo en el frente asturiano contra Oviedo y el pasillo y que dejó exhausto al
Ejército de Asturias.
Jugando un poco con la Historia,
a continuación intentaré presentar una narración de aquellos hechos al tiempo
que las ilustro, en la medida de lo posible, con imágenes tomadas en la
recreación.
La operación comenzó a gestarse
en el mes de julio. Para entonces Bilbao había caído y la bolsa republicana en
el norte se limitaba a la mayor parte de la provincia de Santander y el
territorio asturleonés controlado por el Consejo de Asturias y León. Con el fin
de aliviar la presión que las fuerzas rebeldes ejercían sobre las tropas republicanas
el coronel Vicente Rojo llevó a cabo una ofensiva en el frente madrileño que
distrajese un número considerable de fuerzas que de otro modo podían terminar
invadiendo Santander. Esta ofensiva derivó en la exitosa batalla de Brunete.
Con el fin de explotar la iniciativa ganada, desde el Estado Mayor central se
instó al general Gamir Ulibarri, Jefe del Ejército del Norte, que pusiera en
marcha alguna operación ofensiva. Tras transmitir la orden a los respectivos
Jefes de Estado Mayor de los Cuerpos de Ejército Vasco, Santanderino y
Asturiano, el único que planteó una operación estudiada y detallada fue el
asturiano. En ella se planteaba un ataque local sobre los montes Cimeru, La
Manga y Cotaniello que, próximos a las líneas republicanas, protegían el paso
de Peñaflor y la comunicación directa con Oviedo a través del pasillo de Grau.
Tomar estas alturas supondría en la práctica reestablecer el cerco total a
Oviedo.
Una vez aprobado el plan por el
Estado Mayor Central, se comienza a poner en marcha todo el operativo. Sin
embargo, ya desde el principio las cosas comienzan a torcerse para la causa
republicana. El Jefe del Estado Mayor del Ejército del Norte, Lamas Arroyo,
persona de toda confianza del general Gamir era, secretamente, partidario de
los sublevados a los cuales no tardó en informar sobre la futura operación que
se llevaría en aquellas tres alturas tan estratégicas del pasillo. Aun cuando
no exista constancia de que su aviso llegase a oídos del Cuartel General de
Dávila es innegable que mal comenzaba la operación.
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| Trincheras en la peña de La Escrita, uno de los puntos que sirvió de base a la ofensiva de agosto |
El ataque quedó fijado para el
día primero de agosto, y la hora
dependería de las condiciones meteorológicas, pues la zona, por la abundancia
de ríos y vegetación, era propensa a las neblinas. Gracias a las informaciones
facilitadas por dos soldados pasados a las líneas republicanas se sabía que las
tres alturas se hallaban guarnecidas por el 3er Batallón del Regimiento de
Infantería Mérida nº35 así como por una compañía del Tercio de Requetés
Galicia. Estas tropas contaban además con abundante material: 10
ametralladoras, 9 fusiles ametralladores, 5 morteros y un cañón de montaña
Schneider de 70mm. Además, se sabía que contaban con baterías artilleras en el
monte de La Parra (3), Prahúa (3) y Vega de Anzo (1) y que el número de tropas
de reserva era limitado debido a la retirada de efectivos para contener la
ofensiva en el centro.
El asalto iría precedido de un
bombardeo de la aviación, para lo cual se concentraron todos los aparatos
posibles en los aeródromos más próximos, La Guía en Xixón, El Valle en Carreño
y Colunga. La aviación además, debería proporcionar constante cobertura aérea,
apoyando los asaltos de la infantería mediante bombardeos y ametrallamientos de
las posiciones atacadas. La artillería por su parte sería ampliamente reforzada
sustrayendo baterías de otros sectores con el fin de crear barreras de fuego
que cubrieran el avance de los infantes al tiempo que imposibilitaran el acceso
de reservas enemigas al sector atacado.
| Placa levantado sobre los restos del aeródromo de El Valle, en Carreño, una de las principales bases de la aviación republicana en Asturies |
La infantería contaría
igualmente con el apoyo de una compañía del Regimiento de Carros de Combate
compuesto por cinco vehículos Renault FT17 y BA-6. Su objetivo sería avanzar
por la carretera desde Grullos en dirección Cuero para cortar la retaguardia
enemiga aislando las posiciones en el alto de los refuerzos que pudieran venir
a través del paso de Peñaflor.
En cuanto al elemento más
importante, la infantería que realizaría los asaltos, estaba compuesta por tres
divisiones y una brigada. De estas, la denominada División Asturiana de Choque
(Mayor de milicias Luis Bárzana) y la División de Reserva del III Cuerpo de
Ejército (Ramón Garsaball) serían las encargadas de efectuar el asalto inicial,
quedando la División de Choque Montañesa y la brigada vasca como unidades de
reserva. Todo el conglomerado de tropas se concentró en Avilés antes de partir
a las posiciones desde las cuales se lanzaría la ofensiva, en el sector de
Grullos y sierra del Pedrosu. Dentro de las tropas de infantería había muchos
soldados de los últimos reemplazos que carecían de experiencia en combate. Las
distintas fracasadas ofensivas por Oviedo así como los combates en Euskadi
habían desgastado mucho las filas republicanas, perdiéndose muchos combatientes
experimentados que eran reemplazados por quintos sin la formación ni el espíritu
combativo de los primeros.
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| Milicianos del batallón 253 |
Pese a la traición del Jefe del
E.M. de Gamir Ulibarri como la poco discreta concentración de tropas en Avilés,
Aranda no tomó ninguna medida adicional en las posiciones del sector, lo que
podría indicar que, finalmente, no recibieron información sobre el ataque o no
la tomaron en serio. En principio el plan consistía en que la división
asturiana de Choque avanzase desde las posiciones de La Escrita sobre las
alturas de La Manga y Cotaniello, bajando después sobre Cuero y Peñaflor. La
División de Reserva partiría desde El Pedrosu para tomar el Cimeru y,
seguidamente el Picu l’Arca y el altu de Pereda, para después continuar tomando
Soto y el alto de La Parra, con lo que cortarían tan vital carretera.
Durante la noche, grupos de
zapadores se destacaron hacia las posiciones rebeldes para cortar las
alambradas y abrir paso a los infantes. En muchos puntos las alambradas
tendidas por las tropas franquistas alcanzaban los cuatro metros de
profundidad, se abrieron trincheras de aproximación y pozos desde los cuales
posicionar las ametralladoras, así como tender las líneas telefónicas
necesarias para enlazar las baterías artilleras y los diferentes puestos de
mando con el Cuartel General de Gamir.
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| La guarnición de requetés del Tercio de Galicia defiende la posición sin percatarse del trabajo de los zapadores, que abren pasos en las alambradas |
A las cinco de la mañana los
batallones se encuentran listos para el asalto, pero la cortina artillera no
aparece por ningún lado. Los camiones que deberían haberles proporcionado las
municiones necesarias no aparecen por ningún lado. Se produce un caos logístico
que da al traste con la planificación. Las municiones no llegan o lo hacen de
forma insuficiente, llegan proyectiles de modelos equivocados, otros llegan
oxidados y son irrecuperables. A las 7:30 de la mañana la artillería sigue sin
tener el municionamiento completo. Permanece muda.
Los batallones republicanos
parten de sus posiciones sin que se haya disparado un sólo proyectil que
ablande las posiciones enemigas, destruya sus alambradas y parapetos u obligue
a los defensores a resguardarse en los refugios y darles un respiro a los
asaltantes durante la aproximación. Tal es así que serán los propios rebeldes
con su única pieza de artillería, el cañón de montaña de 70mm el que abra
primero el fuego. Son ya las 9:30 de la mañana y ya es de día.
En las trincheras republicanas a
lo largo de la sierra del Pedrosu permanecen varios miles de hombres agazapados
en las trincheras, intentando mantenerse ocultos a los ojos del enemigo.
A las 11 de la mañana comienza
la artillería republicana a batir las posiciones facciosas. Se han perdido
muchas horas, el factor sorpresa y la protección que otorga la oscuridad de la
noche. Trece baterías desde distintas partes del frente apoyan la ofensiva.
Seguidamente comienza el fuego de contrabatería sobre las posiciones
republicanas en la Sierra del Pedrosu. El intercambio artillero es tenaz. Con
retraso hace aparición la aviación republicana. Tras el despegue dos aparatos
han chocado y caído al mar, lo que ha roto la formación y provocado un retraso
en su aparición que viene a sumarse al caos vivido con la artillería. Pero
aunque todo parece ir de mal en peor la operación sigue adelante.
Las alturas de La Manga,
Cotaniello y el Cimeru son ametralladas por los aparatos republicanos, 12
chatos I-15, 3 Bristol Bulldog y 3 Koolhoven FK-51.
Mientras tanto las posiciones
atacadas son reforzadas con todos los elementos de reserva disponibles. Así,
infantes de marina acantonados en Cuero suben
hacia La Manga y Cotaniello, mientras que una compañía de infantería de
reserva en Bolgues refuerza a la guarnición del Cimeru, aun teniendo que
hacerlo bajo el fuego enemigo.
La hora H para el asalto se
establece en las 13:45, así que poco antes de la una los batallones reciben la
orden de comenzar la aproximación. La distancia entre las líneas es de apenas
400 metros, pero deben hacerse pendiente arriba por unas laderas peladas que
ofrecen pocos lugares en los que ocultarse. El fuego de cobertura se
intensifica y la aviación sigue efectuando sus pasadas, pero el fuego desde las
posiciones facciosas no se apaga. Los infantes de la 3ª Brigada de la División de
Reserva realizan el primer asalto sobre el Cimeru, mientras los de la 10ª lo
hacen sobre La Manga. La ascensión es lenta y penosa, bajo el fuego de las
numerosas ametralladoras enemigas que no cesan de disparar. Las bajas crecen
sin parar. Las vanguardias van formadas por los batallones más curtidos para
aprovechar su experiencia en combate, pero resultarán severamente castigados.
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| Comienza el asalto |
Los milicianos de la 3ª
consiguen tomar la primera línea defensiva del Cimeru. Los defensores por su
parte, han levantado un reducto central con alambradas, sacos terreros y
parapetos de piedra desde el que resisten estoicamente, causando estragos entre
los milicianos. Apenas han transcurrido 45 minutos y las bajas son muy
numerosas. No se ha logrado tomar ninguna altura completamente aun cuando parte
de las posiciones franquistas en La Manga y Cimeru ya están en posesión de las
tropas del Ejército Popular.
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| La primera línea de trincheras es ocupada por las vanguardias de las milicias. Los defensores se retiran al reducto central desde el que hacen fuego nutrido. |
La aviación por su parte sigue
intensificando su acción. La cercanía de los aeródromos le permite multiplicar
sus salidas para compensar su número, pero, accidentes aparte, también ellos
comienzan a sufrir el desgaste de la ofensiva, ya sea por averías mecánicas
como por la acción del fuego antiaéreo principalmente de los cañones Flak 30 de
20mm emplazados en Gráu y L’Escampleru.
A las 15h en el puesto de mando
de la División de Choque Asturiana se cree que La Manga puede haber sido tomada
por sus tropas aunque carecen de confirmación. Sin embargo, en el Cimeru la
cosa sigue sin estar bien, pues algunas unidades han tenido que replegarse por
falta de munición, al tiempo que refuerzos enemigos comienzan a desplegarse en
torno de las fuerzas propias allí destacadas.
Con las vanguardias ocupando la
primera línea franquista en el Cimeru, se solicita que la batería con mejor
puntería se dedique a efectuar tiro de precisión sobre el reducto levantado por
los rebeldes en lo alto del pico, al tiempo que otras se dediquen a martillear
las posiciones sobre el Altu Pereda, con el fin de que la 3ª Brigada pueda
volver a asaltar el Cimeru y la 2ª el Picu l’Arca.
De nuevo el bombardeo por
artillería y aviación machaca las posiciones franquistas previo a los nuevos
asaltos que se están organizando. Entre tanto, las brigadas de milicianos intentan mantener sus posiciones al tiempo
que baten las enemigas. Sin embargo, comienzan a sufrir problemas de
municionamiento que disminuye la efectividad de su fuego.
En otro sector del ataque, los
carros de combate, que se encontraban agrupados en el alto de La Reigada,
inician su avance sobre la población de Cuero a fin de apoyar los asaltos sobre
La Manga y Cotaniello e impedir el acceso de reservas. Durante gran parte de su
trayecto se hallan bajo la visual de las posiciones rebeldes en la zona de
Prahúa, por lo que al llegar a las proximidades de Cuero desde la carretera de
Grullos las piezas antitanque facciosas están preparadas esperándoles. Abren
fuego cuando los carros apenas están a 150 metros de las alambradas haciendo
blanco sobre el primer vehículo de la columna. Dado que la carretera es poco
más que una caleya de tierra pisada, al quedar inmovilizada la unidad de cabeza
el resto de la columna queda detenida, sin posibilidad de progresar ni de
maniobrar de ningún modo, por lo que, peligrosamente expuesta al fuego
antitanque enemigo tiene que retirarse marcha atrás, finalizando de forma un
tanto lastimosa su participación en la ofensiva.
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Blindados BA-06 de origen ruso que junto a los renault FT-17 tomaron parte en el fallido ataque a Cuero |
A media tarde Bárzana, que se
encuentra al mando de la división de Choque comunica que, en contra de lo que
se pensaba unas horas antes, La Manga no ha sido tomada, por lo que se organiza
un nuevo asalto, que tendrá lugar poco después de las nueve de la tarde. Al
igual que en los asaltos precedentes, los combatientes republicanos llegan
hasta las alambradas y las primeras trincheras, pero el denso fuego de
ametralladora causa verdaderos estragos en las filas de los atacantes, que se
ven obligados a replegarse dejando tras de sí el terreno cubierto de muertos y
heridos. Para entonces ya se contabilizan más de medio millar de bajas por los
servicios de Sanidad Militar aparte los numerosos muertos que yacen abandonados
en el campo de batalla.
A las 22h, ya una vez ha
anochecido, se reorganizan las maltrechas tropas de la División de Reserva del
mayor de milicias Ramón Garsaball para atacar de nuevo el Cimeru. Este asalto
se produce casi hora y media después, pero se verá abortado al ser bombardeados
los asaltantes por una fuerte cortina de fuego que la artillería franquista
hace caer desde sus posiciones en La Parra, Picaroso y Prahúa. A medianoche, aún se intentará un nuevo
ataque sobre La Manga que resultará igualmente fallido. El último asalto se
realizará a las cuatro de la mañana, pero para entonces las fuerzas
republicanas estarán exhaustas y las pérdidas humanas terribles.
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| Tras el fracaso de los asaltos los defensores rebeldes recuperan las posiciones perdidas mediante contraataques que causan igualmente grandes cantidades de bajas entre los milicianos en retirada. |
Como suele ocurrir en las
derrotas, y más cuando son tan estrepitosas, comienzan a circular rumores entre
la tropa acusando a los mandos de haberlos enviado a una carnicería. Batallones
enteros han quedado totalmente diezmados. Las cifras hablan por sí solas. El
ejército republicano ha tenido unas 870 bajas, entre muertos y heridos,
mientras que por parte franquista solamente han de lamentar 23 muertos y 165
heridos. Pese al enorme esfuerzo del Ejército del Norte, que a las tres divisiones
de infantería a añadido un enorme despliegue de artillería, aviación y tanques
(en la medida de las escasas disponibilidades en este frente, pero aun así muy
superiores a lo que podían oponer las tropas franquistas) no se ha conquistado
ni uno sólo de los objetivos inicialmente fijados. La aviación republicana,
exigua en el Frente Norte y con gravísimos problemas para reponer pérdidas,
tendrá que lamentar la pérdida completa de un bombardero ligero Potez 25, otro
Gourdou Lesseure GL-32, un caza Polikarpov I-15 “Chato” y uno Bristol Bulldog
II. Además, al menos dos Bristol Bulldog más tendrán que pasar a talleres tras
resultar tocados y tener que realizar aterrizajes de emergencia. En total
fallecerán cinco aviadores y dos más resultarán con heridas.
Los fallos logísticos han
debilitado grandemente la ofensiva, retrasando su comienzo previsto al amparo
de la oscuridad de la noche a la plena luz del día, al tiempo que baterías y
tropa se han visto en varias ocasiones faltas de munición con la que luchar.
Por otra parte, pese al valor innegable de una tropa enviada en repetidas
ocasiones ladera arriba al asalto de posiciones bien defendidas por tropas
disciplinadas, muchas de estas carecían de preparación por ser reclutas de los
últimos reemplazos, llegándose al absurdo de ser muchos de ellos instruidos por
vez primera en el empleo de granadas durante la jornada previa al asalto. Por
último, y en lo que fue tónica general en la guerra en Asturias, la falta de
mandos intermedios cualificados que supieran mantener la cohesión de la tropa
en todo momento, interpretar las órdenes y maniobrar según la situación
cambiante del campo de batalla resultó un factor clave para el fracaso de las
operaciones. Esta carencia fue decisiva en todas las ofensivas emprendidas por
las milicias asturianas que, si bien se batían admirablemente bien a la
defensiva, en el ataque resultaban mucho menos eficientes pese al derroche de
valor y al elevado nivel de combatividad que, una y otra vez, demostraron en el
campo de batalla.
Poco después, las fuerzas
franquistas caían sobre Santander, cuyo frente se hundió en pocos días gracias,
entre otras cosas, a la defección del Euzko Gudarostea, el ejército vasco afín
al PNV, que se rindió en masa a las tropas italianas tras las negociaciones
llevadas a cabo para cesar en la lucha una vez perdido el territorio de
Vizcaya. Enormes cantidades de tropas y material quedarían en manos de las
tropas del general Dávila en las bolsas santanderinas. En Asturias, los restos
salvados de la debacle y los batallones que defendían los diferentes frentes
combatirían a la desesperada durante casi dos meses hasta la derrota final el
21 de octubre de 1937.
Pero eso es otra historia.
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