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miércoles, 6 de enero de 2016

La bestia en la cocina



                Lo que narro a continuación no es ni una leyenda ni un cuento inventado por mí, es una vieja historia familiar que le habría ocurrido a mi bisabuelo hace unos 75 años. Solamente le he dado un poco de ambientación literaria, pero sin alterar un ápice los hechos. No es fácil de creer ni por las personas más crédulas, pero el protagonista siempre sostuvo que aquello que le sucedió fue real, que ni fue el  fruto de un mal sueño ni una leyenda apropiada con la que cobrar notoriedad. Un suceso fantástico que aconteció en una vieja casa en Tudela Agüeria hoy en franca ruina. Un suceso misterioso que sería el primero de una serie de tres de naturaleza cuando menos inquietante, y de los cuales del último yo mismo, incrédulo empedernido, fui testigo.  Pero esos otros casos son historias diferentes de la que hoy nos ocupa: el encuentro frente a frente entre dos seres de mundos distintos. ¿Fantasía o realidad? ¿Antiguas supersticiones y creencias que nos sugestionan una realidad distinta a la que vemos? Yo no lo sé.  Juzguen ustedes, lectores.

El protagonista de esta historia en los años 40: Juan, el veterano y menudo minero que aparece en el centro de la foto con el pitu en la boca y el pico al hombro.


El encuentro

                Juan se despertó. Se incorporó levemente sobre los codos, escuchando atento inmerso en la densa oscuridad que lo rodeaba. Se oía el continuo repiqueteo de la lluvia sobre las tejas, el crujir ocasional de las viejas maderas de aquella casa centenaria. Se oían las respiraciones, lentas y profundas, del resto de los moradores de la casa que seguían sumidos en sus sueños. Y, también, el bufido inquieto de las vacas que subía desde la cuadra.

                Se levantó de la cama sentándose al borde del colchón de lana mientras, con los pies, tanteaba el suelo en busca de sus zapatillas. Ya calzado, se encaminó con pasos lentos hacia la escalera que bajaba hasta la cocina y la cuadra. La tenue luz rojiza de la mortecina lumbre que se consumía en la cocina de carbón y que se colaba por el hueco de las escaleras bastaba para marcarle el camino a seguir. Con el brazo extendido por delante tanteaba la pared que le servía de guía. Tantas madrugadas levantándose a oscuras para acudir al tajo en la mina de El Fornu, le proporcionaban seguridad suficiente como para encontrar el camino sin necesidad de encender la vela de la palmatoria que descansaba sobre la mesita, junto al cabecero de la cama. Sin embargo, esa noche era un poco más pronto de lo habitual. Los quejidos nerviosos del ganado y una extraña sensación en el cuerpo lo habían sacado de su descanso pese al cansancio de las interminables jornadas de trabajo en las galerías y en las tierras.

                Bajó uno a uno, con paso lento pero firme, los escalones de madera que rechinaban bajo el peso de su cuerpo menudo y fibroso. El resplandor de la lumbre aumentaba a medida que se aproximaba a la planta baja. De repente, un olor acre llegó hasta él. Un olor conocido pero extraño en aquel lugar. Un olor que le produjo un profundo desasosiego.

                Le quedaban sólo tres escalones para llegar al piso de tierra de la cocina. La puerta que comunicaba esta con la cuadra apenas quedaba a metro y medio de distancia, pero ya no fue capaz de seguir. Se sintió paralizado.

                Delante de él, parado, se erguía un enorme perro de pelaje oscuro que lo miraba firmemente. Sus ojos fulgían con destellos rojizos. Juan no era capaz de distinguir si el brillo de esos ojos malignos provenía del reflejo de la luz rojiza de la cocina de carbón o salía de lo más hondo de aquel animal.

                Hombre curtido por la dureza de la vida campesina, acostumbrado a pelear con la tierra para arrancarle el oro negro que enriquecía a los patronos, superviviente en dura posguerra, no se sentía capaz de reaccionar. No era hombre de iglesia, pero delante de él reconoció a un ser demoniaco.
 
Perro en actitud diabólica en el capitel de una ventana del ábside de San xuan d'Amandi (Villaviciosa). En muchas culturas, la nuestra incluída, el perro ha sido considerado como un animal representativo del demonio y de los mundos de los espíritus.
              
            Sacando fuerzas de lo más profundo de su miedo, consiguió levantar el brazo derecho, acercándolo a la cara. Abrió la boca y, al tiempo que surgían las primeras palabras de un Padrenuestro de su reseca garganta, comenzó con el ritual de la persignación. 

                No sabría decir en qué momento exacto ocurrió, pero en el transcurso de aquel inesperado ataque de fervor religioso el perro emitió un último bufido y, entre una nube de vapor sulfuroso, desapareció.

                Con el corazón acelerado terminó su plegaria y, poco a poco, se dejó caer sobre los escalones, con los ojos abiertos y el miedo dentro. Sin moverse. Sin dejar de mirar frente de sí sin ver, hasta que el amanecer diluyó las penumbras con los primeros rayos de luz que se colaban a través de la ventana.

                Cuando el resto de los habitantes de la casa se levantaron se encontraron a Juan, lívido y mudo, sentado en el tercer escalón de las escaleras. Frente a él, sobre el suelo de tierra pisada de la cocina, un gran manchurrón negruzco y un fuerte olor a azufre. Por más que le preguntaron, durante días se negó a decir qué era lo que había ocurrido. Cuando lo conto, pocos le creyeron. Que si una pesadilla, que si se había pasado con el vino, él, que era hombre de poco beber. Pero Juan estaba seguro de todo cuanto había visto. Creía firmemente que se había encontrado cara a cara con un ser que no era de este mundo.

                Durante muchos años, cada vez que se levantaba con la llegada del alba para comenzar la jornada, bajaba las escaleras con el espíritu encogido, temiendo volver a encontrarse cara a cara con aquel perro negro de ojos brillantes y halo infernal.

Representación del Tibicenas, un perro negro de ojos rojos de caracter demoniaco en las creencias de los antiguos guanches canarios. Posteriormente se readaptó a la mitología popular como un animal maligno que acecha a los hombres en los caminos, causándoles gran pavor.


lunes, 22 de junio de 2015

Los Homes-Páxaru: Cabeces de picu nel románicu asturianu



     Revuélvese el neñu inquietu p’ente les sabanes. Nun ye a durmir y fuera fai tiempu que’l Sol tapeciera baxo’l horizón. Abrese la puerte’l cuartu y, ente les solombres de la oscuridá albídrase una figura conocía que se acerca al cabezal.

     -  Durmite neñu, que si nun durmis vendrá la curuxa y te llevará.- 

     Acompanga les pallabres caberes con un besu na frente y la güela se retira.

     ¿Quién nunca oyera lo de que la curuxa pue llevase a un guaje? ¿O que cuandu canta la curuxa daquién ta morreciendo cerquina? Nun son dicires porque si. Tien la so hestoria detrás. Una hestoria de milenta años.

     Toes les cultures asociaben simbolismos a dellos animales. Los páxaros, xeneralmente, asociabense a la parte espiritual del home, el alma. El alma, parte incorpórea de la persona abandona’l cuerpu tres de la muerte comu’l páxaru abandona’l suelu cielu arriba al esnalar. Griegos, exipcios, celtes y vikingos otorgaben-yos a les aves el calter del mensaxeru encargáu de tresportar el alma del defuntu hasta’l cielu nel que reposaríen eternamente.

     El románicu ye un arte nacíu nun mundiu nel que la mayoría de la xente yera analfabeta. Un arte que emplegaba maxistralmente la representación del mensaxe mediante simbolismos plásticos: escultures, talles, pintures. La ornamentación pretende non solamente llograr una exaltación de la gloria de Dios, sinón que tien tamién una gran finalidá didáutica mediante’l reflexu d’imaxenes, unes con representaciones explícites de pasaxes bíblicos o vides de santos, y otres cargaes de significaos simbólicos. Y estos simbolismos fondamente fincaos na memoria colectiva de los pueblos sedríen incorporaos convenientemente cola fin de fortalecer le permeabilidad de la doctrina católica n’aquelles mentes enllenes de creyencies paganes.

Abside de San Xuan d'Amandi

     Cuando güei visitamos un templu románicu, maravíamonos de les pieces esculpíes en portaes, capiteles o canecinos, pero lo normal ye que nun seyamos a ver más alló de la escultura o la arquitectura. La simboloxía que guarden ta perdía nel mundiu d’angüañu hasta’l puntu que necesitaríase de los conocimientos d’ún espertu que nos echare lluz ente la oscuridá del nuesu conocimientu, y munches vegaes nin él mesmu sedría quién a atopar el significáu concretu de munches representaciones.

Representación d'Adán y Eva garrando la mazana del árbole del Conocimientu nel xardín del Edén. Ilesia de los Padres Franciscanos d'Avilés.

     En Asturies esisten dellos templos románicos que guarden un curiosu elementu figurativu. Y ye curiosu por diferentes motivos. Por un lláu, porque mientres que nel territoriu de les antigües Asturies consérvense dellos exemplares, nel restu de la península Ibérica, la so presencia ye casique anecdótica. Por otru llau porque ye un elementu de gran poder visual. Un adornu que consigue atrayer la mirada del visitante. Y de facelu sentise observáu.

     Cabeces de picu, cabeces rostraes, beak-heads, homes-páxaru. Munchos nomes pa referise a unes figures en forma cabeces de páxaru o animal mostruosu, cuyo picu inferior apaez agarrando la moldura d’una arquivolta, un rollu o dalguna otra cosa, y cuyo orixe tenemos que dir a buscalo bien llueñe d’equí, a Normandía, a la Inglaterra baxo dominiu normandu y a la verde Irlanda. Les primeres cabeces de picu que se conocen puen alcontrase en les miniatures que los monxos irlandeses incluyíen nos sos llibros, nes que apaecíen cabeces picudes de seres fantásticos mecíos con entellazaos. Más sero, nel sieglu XII comenzaron a apaecer estes cabeces con picu, ya llabraes na piedra, en Inglaterra, nel castiellu de Norwich o na catedral de Reading. Por entós la Inglaterra saxona había sido conquistada polos normandos, que dedicaron bonos esfuerzos en llevantar edificios maxestuosos colos que amosar el poder que exercíen sobro’l territoriu y les xentes. Asina, en distintos condaos de Inglaterra comu York y Oxford y en menor midía Surrey, Kent y Essex perespardiose un arte románicu mui característicu nel que les cabeces con picu yeren ún elementu propiu. Simultaneamente, esti elementu espoxigaría en munchos llugares de la Francia normanda y de Irlanda.
Cabeces de picu o beak heads na ilesia de St Mary's in Iffley, Inglaterra. Semeya de Aldan McRae Thomson.

     En Asturies, llugar de pasu de les pelegrinaciones dica Compostela, n’algún momentu del sieglu XIII, aportaríen les cabeces de picu cuandu ya nos llugares d’orixe yera un ornatu en franca decadencia. Cómu llegaren ye un misteriu. Lo más plausible ye que lo fixeren por mar, pues tan bien establecíes les rellaciones marítimes por aquel entós del territoriu astur coles islles britániques, pero ¿Foron canteros asturianos que tuvieren trabayando en Inglaterra? ¿O foron canteros ingleses que vinieren al norte de la península? ¿Quiciaes pelegrinos que tresmitieran a canteros locales lo que vieren por aquelles llueñes tierres del norte? Quién sabe. Lo que tamién ye ciertu ye que, una vez aportó a Asturies, el espardimentu féxose siguiendo los caminos de pelegrinación.

     De xuru que nel sieglu XIII foron munchos más los templos que amosaron ente la so decoración cabeces de picu. Los años, les remodelaciones que arrasaron colos templos anteriores, guerres, incendios fixeron que güei namás quede un númberu llimitáu d’ellos en pié: San Xuán d’Amandi y Santa María de Llugás en Villaviciosa, San Esteban de los Caballeros en Aramil, Sieru, San Esteban de Ciañu en Llangréu, San Xuán de Copián en Mieres del Camín, la colexata de Santa María d’Arbás del Puertu, na vertiente sur del Payares o Santa María de San Vicente de la Barquera, n’Asturies de Santillana. San Pedru d’Arroxu en Quirós, el Monesteriu de Santa Clara en Uviéu o San Pedru Navarru en Valliniello, Avilés tamién amuesan exemplos d’homes páxaru magar que con carauterístiques distintes. 

Ilesia de San Xuán d'Amandi (Villaviciosa)

San Xuán d’Amandi.

     El templu de San Xuán d’Amandi, nel camín ente la puebla de Maliayu y el valle de Boides nel que se llevanta el centru espiritual de la comarca, el Monesteriu de San Salvador de Valdediós ye ún de les ilesies romániques más llamatives d’Asturies no tocante a la decoración. Na portada principal, el imafronte, d’arcu oxival, alcuéntrase una arquivolta, la segunda cuntando dende dientro, con 15 cabeces esculpíes. Estes cabeces nun guarden proporción ente elles. Nin siquiera caltienen la mesma estructura, albidrándose dellos formatos diferentes. Fixéronse esculpiendo les doveles que conformaben la arquivolta cuando estes taben ya montaes nel emplazamientu definitivu.

Portada principal de San Xuán d'Amandi. Na seguna arquivolta vense les cabeces de picu.

     A grandes rasgos, les cabeces parten d’ún esquema de un triángulu equilateru invertíu, siendo ún de los vértices el estremu superior del picu. Esti termina na moldura toral de la arquivolta, esto ye, nel borde interior del arcu sobro’l que se asitien. Pola parte interna del arcu, el intradós,  oponse otru triángulu de menores dimensiones que fai la vez de parte inferior del picu.

San Xuán d'Amandi. Detalle 1.

     Les cabeces presenten un relieve medianu por mediu d’incisiones leves que resalten los detalles, principalmente los güeyos, el pelu ya’l picu. De toos modos, y resaltando lo comentao de que les figures nun guarden uniformidá na so estructura, hai tres de elles que tan tallaes ensín pelu. Tamién hai delles cares que tienen doblemente marcados los güeyos, como si remarcaren tamién la pupila, lo que potencia enormemente la efeutu de sentise observáu al pasar por baxo d’elles. Otra peculiaridá ye que les cares tan separaes ún d’otra, dexando claros ente elles.

San Xuan d'Amandi. Detalle 2.

San Xuán d'Amandi. Detalle 3.

     Les cares alcuéntrense acompangaes poles decoraciones más típiques del románicu en Asturies. Asina la arquivolta superior amuesa una serie de llínies en zigzague, la siguiente motivos vexetales y la inferior otra vegada llínies en zigzague con motivos vexetales nel intradós.



Santa María de Llugás (Villaviciosa)

Santa María de Llugás

     Cerquina d’Amandi, no cimeru d’ún altozanu a les afueres de Llugás, llevántase el santuariu marianu de Santa María. N’esta ilesia, a diferencia de la d’Amandi, les cabeces de los homes páxaru nun les tenemos que buscar nel imafronte, sinón nel pórticu del llateral Sur del templu. Equí alcontrámonos con una pequeña portada con dos arquivoltes namás tando la superior ocupada por 13 figures de cabeces con picu, mientres la inferior cunta con lóbulos zamoranos, un ornamentu d’orixe musulmán.

 
Portada Sur de Santa María de Llugás.

     Pesie a tar tan prósimes unes de otres, les diferencies visuales ente estes y les d’Amandi son evidentes. Si bien, a semeyanza de les d’Amandi, estes tamién foron tallaes direutamente sobro la piedra, una vez que les doveles del arcu ya taben emplazaes nel llugar nun ye menos ciertu que amuesen una falta d’homoxeneidá mayor que aquelles tantu no tocante al tamañu como a les proporciones. Por otru llau, si nes primeres el calter humanu del rostru destaca sobro’l animal, nes de Llugás ocurre tóo lo contrariu. Equí los rostros nun parten d’ún esquema triangular, sinón de otru semicircular, de cuya parte central parte un picu nidiamente marcáu. Los güeyos tienen otra orientación. Mientres que en Amandi vense ovalaos pero horizontales, equí tan oblicuos, lo que potencia un efeutu como de ‘ser diabólicu’. Yera costume en aquellos tiempos que les puertes llaterales foran emplegaes pal accesu al templu de xente indigno: pecadores, criminales, xente de mal vivir en busca de redención. Estes cares amenazantes tendríen comu finalidá, ente otres, sobrecoyer al penitente, a ablandar el espíritu pa facilitar el arrepentimientu dientro’l templu.

Santa María de Llugás. Detalle 1.

Santa María de Llugás. Detalle2.

Santa María de Llugás. Detalle 3.



San Esteban de los Caballeros o d'Aramil (Siero)

San Esteban de los Caballeros o d’Aramil

     Al sur de los templos maliayeses, en metanes del conceyu Sieru, llevántase la pequeña ilesia de San Esteban d’Aramil, tamién conocía en documentos comu San Esteban de los Caballeros, faciendo quiciaes referencia a que perteneciere a dalguna encomienda d’una orde caballeresca medieval. Pesie al so tamañu reducíu caltién una bona bayura d’elementos decorativos.

     De los dos pórticos que presenta los homes páxaru apaecen nel llateral. Equí podemos apreciar una mestura ente lo que viéramos nos dos templos maliayeses, magar que incorpore dalguna carauterística nueva.

Portada Sur de San Esteban d'Aramil
     El pórticu S tien dos arquivoltes, de la que la superior tien 16 cabeces con picu que percuerren tola cuerda del mesmu. Afitase sobro otra arquivolta con lóbulos zamoranos al igual que en Llugás. Ensín embargu, la fechura de les cabeces ye bien estremada. En esti casu son casiqe homoxenees ente elles. Tan tallaes nes doveles enantes de colocase nel arcu, polo que ocupen toa la anchura de la mesma, nun dexando espacios valeros ente elles. El modelu estructural asemeya más al d’Amandi, tando les cares perfilaes en base a un triángulu invertíu.

San Esteban d'Aramil. Detalle 1.

San Esteban d'Aramil. Detalle 2.

San Esteban d'Aramil. Detalle 3.


     Güeyos horizontales pero más perfilaos. Ya nun son un óvalu planu, sinón que se yos remarca’l contornu dando-yos sensación de tener pestañes. Por otru llau el relieve de les cares ye más planu que nos anteriores. Quiciaes tornamos a un exemplu nel que predominen más los rasgos humanos que los animales, pero ensín quita-yos un ápice del aire fantasiosu que los guarda.



San Esteban de Ciañu (Llangréu)

San Esteban de Ciañu

     En plenu conceyu de Llangréu alcuéntrase la ilesia de San Esteban. Orixinaria del sieglu XIII, pesie a que foi mui reformada conserva dellos retayos de la fábrica románica orixinal de gran valir artísticu comu son les dos portaes.

Portada principal de San Esteban de Ciañu

     Nel imafronte, la portada principal, atopamos 18 cabeces de picu que ocupen tola cuerda de la segunda de les tres arquivoltes coles que cunta. Personalmente pienso que son el exemplu de homes páxaru más espectacular de los que tenemos en Asturies. Ello débese a dellos fautores. La fechura de los mesmos atribúyese a la mesma manu que fixera los d’Amandi en base a les semeyances que presenta na teúnica. Parten d’ún modelu de dos triángulos equilateros enfrentaos, que arrodien col picu la moldura toral de la arquivolta. La forma del picu y el prefiláu de los güeyos ye similar, pero agora alcontrámonos con unes pieces que foron tallaes enantes de facese el arcu. Son de tamañu y forma homoxenea, ocupando el anchu completu de la dovela.

San Esteban de Ciañu. Detalle 1.
     El relieve de les cabeces ye mayor, con más volumen y menos planu, destacando los detalles sobro’l fondu la cara. Estos detalles algamen un nivel de preciosismu que nun se alcuentra nos demás. Amás de los güeyos con pupila pué aldovinase en munches de les cares una llínia que debuxa’l nacimientu del picu. Por otru llau, el pelu ya nun son más que unes llínies incises oblicuamente. Agora ye un trenzáu con volume propiu.

San Esteban de Ciañu. Detalle 2.

San Esteban de Ciañu. Detalle 3.


     Otru detalle que pue apreciase nos homes páxaru de Ciañu ye que tienen oreyes. Nos vértices superiores del triángulu equilateru invertíu que conforma la parte superior de la cabeza apreciense unos pequeños picos que bien pudieren ser oreyes de similar fechura que les que tienen les curuxes.

San Esteban de Ciañu. Detalle 4.

San Esteban de Ciañu. Detalle 5.

     A la monumentalidá de estes cares contribuye enforma el conxuntu escultóricu que conforma la portada. El arcu superior está decoráu colos habituales zigzagues tan abondosos nos templos asturianos. Sin embargu, les llínies que conformen los zigzagues tamién tan trabayaos con mayor preciosismu de lo que ye habitual, pues componse de cincu llínies de les que la segunda y la cuarta tan perlaes, esto ye, con pequeñes semiesferes tallaes a mou de perles nun collar. El zigzague espárdese al intradós del arcu con otres cuatru bandes siguiendo’l mesmu esquema pero enfrentaes a les anteriores. Nel puntu d’oposición ente d’ambos zigzagues, perles de mayor tamañu. La arquivolta más interior tamién tien decoración con motivos xeométricos de menor importancia.


Portada románica de San Xuán de Copián. Autor desconocíu.

San Xuan de Copián

     Si dixera que pa ver una ilesia contruyía en Mieres del Camín, nel barriu de Requexu hai que dir hasta Xixón paecería que dixere un sinsentíu, pero ye la verdá. El templu románicu de San Xuan de Copián llevantábase hasta entamos del sieglu XX nel llugar que güei ocupa la ilesia de San Xuan, nel barriu de Requexu. Por aquel entós el templu, orixinariu del sieglu XIII alcontrábase en estáu cercano a la ruina, polo que decidiose esbarrumbalu pa llevantar unu nuéu. Quiso la fortuna que, enantes de que se arrasara completamente el templu mierense, ente 1925 y 1929, el Conde de Rodríguez Sampedro mercara-i al cabildu de la Catedral d’Uviéu la portada principal románica, que treslladó a una finca particular de so en La Pedrera (Xixón) au se alcuentra na actualidá.

     Esti interés del noble por aquella pieza artística salvó de la destrucción una pequeña parte del patrimoniu románicu asturianu. El únicu problema ye que al tar dientro una finca particular ye difícil poder contemplalo.

Detalle de les cabeces de picu de San Xuan de Copián nel so asentamientu en una finca de La Pedrera. Semeya d'autor desconocíu.
     Les carauterístiques de estes cabeces ye que parten d’una base xeométrica semicircular asemeyando más a les de Llugás que a les otres. Ocupen les cabeces la arquivolta central de les tres de la portada. Son un total de diecinueve cabeces esculpíes en tol anchu la dovela, polo que conformen una serie continua ensín espacios valeros intermedios. Domina claramente el calter animal sobro l’humanu. Al tener los güeyos en una posición menos oblicua que los de Llugás la sensación intimidatoria que desprendíen los primeros vese equí amenorgada. El picu alcuéntrase mui bien perfiláu, tantu en forma como en volume.

     La decoración de les demás arquivoltes que acompanguen les cabeces en picu ye similar a la del restu de templos románicos, ocupando el arcu superior una serie de zigzagues cenciellos.


Santa María de San Vicente de La Barquera

     Pudiere paecer que esta ilesia alcuéntrase fuera del ámbitu asturianu del que tamos falando, pero hai que tener en cuenta que na dómina na que se llevantaren estos templos la mayor parte del territoriu de la Montaña xunto con zones del oriente astur formaba la Asturies de Santillana, en contraposición a la Asturies d’Uviéu. 


     De toos los conxuntos conservaos ye’l menos espectacular. De relieve planu, colos rasgos marcaos someramente, de forma mui esquemática, guarden más semeyances coles d’Aramil que con el restu. Base estructural de triángulos equiláteros enfrentaos, güeyos grandes horizontales y pelu marcáu por llínies oblicues. Les cabeces non ocupen tol anchu de les doveles, dexando espacios valeros ente elles.

     La decoración que los acompanga ye la usual de zigzagues y otros motivos xeométricos.


     Si los casos anteriores son los más importantes pol tamañu y la monumentalidá de los homes páxaru, hai que reseñar otros casos de cabeces d’homes páxaru que podemos alcontrar n’Asturies.


Colexata de Santa María d’Arbás del Puertu

     Esti preciosu templu asturcismontanu, na vertiente llionesa del puertu Payares, tien una única cabeza de picu no que fuere la portada del primixeniu templu románicu. Ocupa, eso sí, un llugar destacáu: la dovela central, la clave, de la tercera de les arquivoltes de la portada principal. Quiciaes pase desapercibíu al vistiante ente la bayura de motivos ornamentales de calter xeométricu, pero n’esi espaciu central pue vese una cabeza d’home páxaru de pequeñu tamañu.

Portada románica de Santa María d'Arbás. Pue vese la cabeza de picu na clave de la tercer arquivolta. Semeya de Carmen Morán, del blogue Asturgeographic.

San Pedru Navarru 

     Nel barriu avilesín de Valliniello llevántase el modernu templu de San Pedru Navarru. Esta ilesia d’orixe románica foi destruyía durantre la Guerra Civil que, amás de ser una calamidá humana, en Asturies traxo una exacerbación de los sentires anticlericales que desendolcó na destrucción de munchos templos de gran valir artísticu, munchos d’ellos de fábrica románica.

     Durantre los trabayos de reconstrucción llevantóse nel interior un arcu fecho con pieces recuperaes d’ente les ruines colocándoles ensín xacíu al bon entender del direutor de la obra, que de arte pocu tinía que saber al colocar los capiteles enriba les ménsules. El casu ye que en ún de los capiteles supervivientes pue vese una figura de un llión de cuya boca salen dos llargues llingües que llamben les pates traseres. Na parte postrera del felinu apaez el ráu que curva pa tomar la direición de la cabeza. Enriba’l rau vense dos cabeces. La primera ye humana, pero la segunda ye una perclara cabeza d’home páxaru que arrodia la cola col so picu al xeitu que les de los templos anteriores arrodiaben la moldura toral del arcu. Na talla apreciense clares diferencies coles figures que atopamos en los pórticos de les ilesies asturianes. Equí vemos un rostru animal más fantasiosu que asemeya munchu más a les cabeces de picu que se facíen nel sieglu XII en territoriu anglonormandu.

Cabeza de picu na ilesia de San Pedru Navarru, en Valliniello (Aviles). Semeya de Juan Luis Menéndez.
     Güeyos redondos con gran relieve, plumaxe perfiláu no alto la testa. Hasta los orificios respiratorios na punta’l picu vense claramente.

Cabeces de picu na ilesia de Kilpeck, en Inglaterra. Pue vese la gran semeyanza ente la primera pola derecha cola de Valliniello. Semeya de Adam McRae Thomson


San Pedru d’Arroxu

     La principal obra del románicu en Quirós cunta con dos cabeces de picu, pero como les anteriores nun tan asitiaes nes arquivoltes de les portaes. La primera d’elles atopamosla nun canecín de la nave central, nel llateral sur, xusto enantes d’entamar el ábside. Si bien caltién les carauterístiques típiques d’esti motivu, equí la representación asemeya más a un osu que a un páxaru. Hai que tener en cuenta que en orixe, les cabeces de picu representaben toa triba d’animales y non namás que páxaros o persones.
Cabeza de picu nun canecín de San Pedru d'Arroxu
     Arrodiando col focicu un rodiellu comu los homes páxaru arrodiaben la moldura de los arcos, destaquen enforma les oreyes en volume. Los gueyos tan bien perfilaos asemeyando a los d’Amandi
.
     El segundu casu de cabeza de picu alcuéntrase na construcción anexa a la cara N del templu, ensín dubia un añadíu postreru, polo que trátase d’ún elementu descontextualizáu. Tampocu ye una cabeza de páxaru sinón que paez más la d’ún felinu. Tien bien detallao el dentamen ya la nariz. La base estructural son dos triángulos equilateros enfrentaos, col inferior poco desarrollau. Tamién tien un rodiellu ente les mandíbules. Lo más probable ye que se trate d’ún canecín reutilizáu.

Segunda cabeza de picu de San Pedru d'Arroxu.

     La prósima vegada que dalgún de vosotros se acerque a una d’estes ilesies, dempués de maraviase col esplendor del arte románicu, cola finura les talles, col dominiu de la fantasía más desbordante, nel mesmu momentu que vaiga adientrase nel interior, que alce la mirada. Que mire fixamente a los güeyos d’esos homes páxaru. Porque ellos serán los encargaos, dalgún día, de llevar la so alma al llugar au los espíritus reposen, el llugar que dende que’l home tien conciencia de so supón que remana la parte indestructible del ser humanu. La que nos fai ser lo que somos. La que nun podemos ver ni tocar pero todos sentimos. 

     Durmi nenu que la curuxa va vinir a buscate.