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sábado, 27 de julio de 2013

El astillero



                Suena la sirena. Un agudo sonido que recorre los muelles, los talleres, los tinglados. Avisaría a la gente del fin de turno. Pero ya no queda nadie. Un sistema automático sigue accionando el sistema cada mañana. Cada tarde. Pero en la factoría ya sólo queda un único empleado, un vigilante de seguridad que parsimonioso se recuesta sobre su silla en la garita buscando el flujo de aire que despide un pequeño ventilador. Es agosto y el sol, cayendo a plomo, abrasa los viejos tejados de uralita de los talleres. 


                Pasaron ya los años de ajetreo, de intensa actividad fabril con cientos de obreros moviéndose cual hormigas. Cada uno con su función, su especialidad, creando de la nada las monstruosas moles metálicas de los containeros, los quimiqueros, graneleros o pesqueros factoría. Hombres que se adentraban en las entrañas de un doble fondo a soldar en posturas imposibles las planchas de metal, respirando en una atmósfera viciada por los gases, los ojos llorosos por la irritación tras tantas horas quemando electrodos. La piel, curtida, con las innumerables quemaduras de las chispas que poco a poco han ido perforando la ropa de trabajo. Hombres impregnados del olor a grasa y el aceite, montando cojinetes, alineando cigüeñales, pistones, cilindros y culatas. Mecánicos de llave inglesa y diferencial. Tuberos tendiendo líneas. Electricistas poniendo sentido a un laberinto de cobre y plástico. Pintores de sueño cambiado. Noches en vela entre nubes de pintura volatilizada y vapores de disolvente. Hoy ya no están. Ni se les espera.


                Las crisis del sector arrasaron con las factorías. La competencia con los astilleros chinos, coreanos o turcos, imposible. La dejadez y abandono de los gobiernos, la puntilla. El tiempo hizo el resto. Otrora bandera y emblema de un pueblo, de una ciudad, de una clase obrera, ya no son más que viejos recuerdos, nostalgias de un jubilado.


                Nostalgias de una época de grandes industrias en las que trabajaba mucha gente. Por entonces aún utilizaban la palabra “compañeros”. Todos se conocían, todos eran vecinos del barrio. Y todos tenían su nombre de guerra, ese apodo que hacía de cada uno un personaje único entre los centenares de trabajadores.


                Nostalgia de mi niñez. Párvulo en un colegio en el que casi todos los críos vivíamos del salario que nuestros padres ganaban en los astilleros. Y yo, como cualquier otro niño del barrio, sentado a la mesa de formica, con un plato de duralex delante. La sopa, humeante. Y grabado a fuego en mí un recuerdo indeleble. El de mi padre. Con la mirada al frente sin ver, soplando la cuchara antes de llevársela a la boca, comiendo apresurado en el descanso a media jornada, antes de tener que volver al tajo, al grupo electrógeno, la careta y el electrodo. Tiempos duros de regulaciones, despidos y cierres. Tiempos revueltos de barricadas, pelotas de goma y gomeros. Batalla cruenta que terminó en derrota. Uno tras otro, todos fueron cerrando. Y poco a poco desapareció un modo de vida, el del barrio obrero, el del sentimiento de clase.

 

                Termina su lamento diario la sirena. Cualquier día aparecerá un técnico que desconectará el programador. Y se hará el silencio. Un silencio definitivo como losa de piedra sobre la tumba del muerto. Pero este muerto ya no tendrá quien lo vele, quien le dé un último adiós, quien rece por su alma. Si acaso, sólo en la nostalgia de algún viejo jubilado.



sábado, 13 de julio de 2013

Nel reinu la xaronca: los llagos de Salave



     Espardíes les cases a lo llargu la rasa tapiega. Abiertes les ventanes de par en par acoyendo’l sol que tantu se fizo rogar. Un aire seliquín ximielga galbanosu dalgunos trapos blancos. N’ellos, escritos col trazu arrechu de la decisión, en prietu collor, pué lleese: ORO NO.




     Tamos en Salave, enguedeyu d’intereses asturcanadienses. Unos suañen coles miles de tonelaes d’oru que impregna la tierra (el mayor yacimientu d’oru conocíu na Europa occidental). Otros, con despertase a la mañana y tornar a ver los mesmos campos que vense güei, esnalar bien fondu el golor del ocle que vien de la mar cercana, ensin el miéu a que una balsa enllena cianuru y mercuriu esparda el so velenu almacenáu emponzoñando agües,  tierres y xentes. Tamos n’el coral d’un llucha ente’l dineru y la vida, entendiendo por vida el pasáu, el presente y, comu non, el futuru.

Restos de galeríes mineres


     La atraición atávica que’l doráu metal fexo sobro’l home dexó la so güelga n’estes tierres. De xuru explotaos poles tribus astures, los romanos enfotáronse con gran tesón en sacar toles riqueces que atesoriaben.  Furaron mines, movimieren de tierres con agua, restolaren ente los sedimentos,  dando-i forma colos años a un llugar curiosu, una especie de fosa o valle  nel que, abandonaes les llabores estractives al agotase los yacimientos primarios d’oru, xurdieron llamuergues y prendió bayurosa vexetación.  D’aquelles ruines ñacieron les llagunes de Salave, o de Silva, un paisax xurásicu entá vivu n’Asturies del sieglu XXI.

 
Dende fuera una masa arborea que nun anuncia lo que escuende

     Adéntrase nes llagunes de Salave supón un viaxe nel tiempu, retrociendo más y más atrás con cada pasu que se da. Cuesta-i a los rayos del sol atravesar la bayura de rames y fueyes, posándose sobre les verdes agües tremaes d’algues y plantes acuátiques. Camuda’l soníu. Ya nun se oye el ruíu de los coches que pasen pola nacional. Nun se oye el cencerru de les vaques o’l xolgoriu de los neños ensín colexu. Una tronera invade’l llugar. El canciar de milenta xaronques al compás redoblando nes parées del llugar, amplificando el so soníu. 






























     Munches son les especies de xaronques que moren n’estes agües muertes. La xaronca verde, la patillarga o la bermeya, el sapu parteru o el pintoxu. Les inconfundibles sacaveres. Les gafures palmeades, iberiques y xaspiaes. La salamandra rabillarga, endemismu que namás se atopa nel noroeste penínsular. Toa una triba d’anfibios que fain d’esti llugar un suañu pal herpetólogu. Pero además, pueblen estes agues les llondres, esos mustélidos marcadores de la pureza del agua y de la bona calidá medioambiental.




     Tamién destaca la bayura vexetal. Pinos, carbayos, dalgún ocalitu na parte esterna. Dempués, aportando al humedal, la milfueyes d’agua, cuya presencia n’Asturies llimítase a esti enclave. Felechos de pantano. Humeros enraigoñaos ente les agües. Escayos o silves que-i dan el nome al llugar. Y munchu más.



     Güei, la so pervivencia pende d’un filu. Recursos xudiciales, sentencies, pleitos, sobornos. Muncho ye lo que entá falta por decidir. Una llucha ente la codicia y la tierra. Ente los valores que nos traxeron a la actual situación económica y aquellos nos xurden de la tradición rural, de la querencia pol raigañu. Pol llugar que a ún i vio ñacer. Una pelea ente homes que amenaza una tesoru asturianu, ún de esos comu los que vemos nos reportaxes de la National Geographic, pero que nun ta en Africa, nin nel Amazones, sinon equí, cerquina de Tapia, en tierres de Salave.










miércoles, 8 de mayo de 2013

Un asturiano armado con un palo

     Hoy, 8 de mayo de 2013, se cumplen 75 años del asesinato del Mayor de Milicias D. Higinio Carrocera Mortera, militante anarcosindicalista langreano nacido en Barros. En septiembre de 1937, al mando de la 1ª brigada móvil del Ejército Popular de Asturias se enfrentaba a las brigadas navarras en el Mazucu, en las estribaciones occidentales de la sierra del Cuera. Luchando en una proporción de 5 ó 6 a 1, casi sin artillería, sin aviación que oponer a la legión Condor, con todos los frentes activos sin poder recibir refuerzos, resistió por más de una semana los embites nacionales impidiendo el derrumbe de Asturias y posibilitando el intento de consolidación de la línea del Sella. En uno de los momentos álgidos de la lucha, cuando el batallón de infantería 220 "Recula" inicia una desbandada de las posiciones en el alto del Mazucu ante la potencia de fuego enemigo, hace acto de presencia la figura de Carrocera, armado con una cachaba, repartiendo golpes a diestro y siniestro, jurando como un loco. Los milicianos vuelven a sus trincheras. El asalto de los requetés queda frenado en seco y la situación, momentaneamente, salvada. El batallón de infantería 220, "Recula", podrá deshacerse de tan infame apodo desde entonces.

En el centro, Carrocera durante el servicio militar

     Esta anécdota, real, me hizo recordar otra historia. Una historia que hablaba de unas leyes que prohibían en Madrid la reunión de grupos de asturianos o que estos portasen palos, cómo era costumbre antiguamente. ¿Leyenda o realidad? Buscando sobre el asunto, en un libro denominado "Novísima recopilación de las leyes de España", en 1805, reinando Carlos IV, encontré el siguiente texto:


                                                              LEY XVIII

                   El mismo por bando publicado en Madrid en 23 de Junio de 1803

     Prohibición de bayles de la danza prima á los Asturianos; y de juntarse en quadrillas con palos ó sin ellos fuera de la Corte.

     Por haberse notado, que los Asturianos, que se ocupan en ser mozos de cuerda, aguadores, apeadores de carbón, sirvientes, y en otros exercicios, se juntan en quadrillas con palos ó estacones á baylar la danza prima en el prado que llaman del Corregidor, inmediato á la fuente de la teja, de que resultan quimeras, alborotos, heridos y otros escándalos: se prohibe, que en cualquier dia ó noche se junten en quadrillas los Asturianos ú otras personas con palos ó sin ellos, así en el citado prado del Corregidor, como en otro parage de las afueras de esta Corte, con el motivo de tener bayle de la danza prima ni otro alguno; ni susciten quimeras ó qüestiones, formando bandos en defensa de sus Concejos, ni sobre otro asunto; pena de que, al que contraviniere, se le destinará irremisiblemente por seis años á uno de los presidios de Africa, y se le tratará como perturbador de la tranquilidad pública.




     Claro queda pues, que un asturiano, armado con un palo, un cayáu o una cachaba, no es un simple ejemplar de lámina costumbrista. Puede detener a un ejército y frenar toda una ofensiva.

     Sirvan estas líneas como mi más sentido homenaje a esos asturianos que por bailar una danza prima podían dar con sus huesos en un penal en el norte de Africa y, junto con mi admiración, a esos héroes del pueblo que fueron D. Higinio Carrocera Mortera y sus milicianos. Proelio caesa, in memoria victores (muertos en la batalla, vencedores en la memoria).

El final de la danza

jueves, 2 de mayo de 2013

Banduxu: onde durmi'l tiempu

     A pocos kilómetros d'Uviéu, en metanes del valle del Trubia, nun de los llugares punteros del modernu turismu rural asturianu, atópase el pueblu de Banduxu. Ayenu al desarrollu urbanísticu y económicu esperimentáu polos pueblos de la vega, entá n'elli aliéndase l'aire medieval que dende sieglos sopla ente les cases, polos caleyos, nos solhorros. Una amuesa anguañu de lo que foi l'Asturies rural de sieglos pasaos, un muséu etnográficu vivu de lo que yera una economía de montaña, basáa nel ganáu y una agricultura de subsistencia. Una arquitéctura que remembra tiempos pretéritos, de siervos y señores. Un llugar nel que, de xuru, durmi'l tiempu.

Banduxu: la Ilesia Santa María, la torre de Banduxu ya'l Palaciu


     A la solombra'l L.luguéi, la Mostayal, el Peláu, la Peña Atambu ya'l Oubiu, na cabezalera el vallín que cuerre'l ríu Valmoru en pos del Teverga, fincaos nun remansu la pindia fastera la sierra, alcuéntrense los seis barrios que conformen el pueblu. No más baxu, la Molina, na que entá caltiénse'l molín que-i da nome pa siguir a La Reguera. Dempués, en métanes el cogollu la polación, el Palaciu, cola torre los Tuñón y la casa fuerte del palaciu. Más arriba, Entelailesia, col pequeñu templu ya'l curiosu cementeriu, pequeñu y rodiau de muria, ensin nichos, sólo tumbes. Subiendo, Campal, nel que fina la carretera que comunica con Proacina y Proaza. Un pocuñin allonxáu, pa poniente y más altu, el Toral.

El barriu del Toral

     Percorrer ca ún de los sos barrios, tremaos de cases con muries de piedra ya esquines ensillaraes, artesonaos llabraos con esmeru, horros nos que albidrense amueses de vieyos artes pictóricos, fornos de pan y tenaes de maera, llévanos a un tiempu pasáu comu si d'ún viaxe nel tiempu se tratara. Un viaxe a ún tiempu nel que en Banduxu, merced a la so xeografía inaccesible, pero que-i permitía controlar el accesu ya'l pasu a los valles cercanos, los pastizales de los puertos y les vegues, foi polación de gran importancia, tantu política comu económica, y na que xurdió la familia de los Alvarez de Banduxu que, col tiempu sedría'l tueru del que ñacieren dalgunes de les rames más importantes de la nobleza medieval asturiana, los Tuñón y los Miranda, que col tiempu terminaríen dominando amplios territorios na Asturies central y daríen orixe al marquesáu de los Valdecarzana, ente otros. Gozaba la polación entós del drechu de escoyer ellos mesmu al señor que más yos interesaba, un drechu, el de behetría, que nun foi tan habitual a esti lau del cordal comu lo sedría en tierres de Castiella.

El Palaciu vistu dende'l sur

     Amás de les bones amueses d'arquitéctura popular que puén atopase no tocante a cases, cuadres, fornos y llavaderos, la mayor parte d'ellos entá calteníos nun más que aceutable estáu de conservación, la silueta de Banduxu faise tan familiar pola imaxe de la Torre los Tuñón ya'l Palaciu. La Torre, llevantá enriba un roquéu, con planta circular a semeyanza de la torre de Proaza, destaca enforma sobre'l conxuntu la polación, dominándola maxestuosa, velando les vides de sos habitantes. Edificiu baxomedieval, con cuatru pisos y teyáu cónicu, muries de sillarexu y mampostería, sillares en vanos de puertes y ventanes, la fábrica autual tendría orixe nel sieglu XV. Destaca n'elli, amás del bon estáu de conservación, que vieno emplegándose dende hai tiempu comu vivienda, de mou que la puerte orixinal, asitiá n'altura comu suel ser habitual, tresformose en ventanu al tiempu que abríase una nuea na base mesma, furando la muria nel tramu más anchu, lo que queda bien patente al prestái atención. Nun solo nun tien sillares, sinon que nótase la comezón que se-i fexo a la fortaleza pa amenorgar el grosor de la parede. No cimero la torre destaca tamién un escudu de armas que amesta los blasones de los Tuñón, los Miranda y los Banduxu xuntu a una torre en mediu flanquiá por dos llances.

La torre de Banduxu, cola puerte nuea tarazá nes muries

     Tres la torre atópase el conxuntu nomáu el palaciu de los Alvarez de Banduxu, un grupu d'edificaciones construyíes alrodiu d'una torre cuadrada con una disposición que asemeya a una pequeña casa-fuerte. El conxuntu sufrió modificaciones continues que desvirtuaron la estructura orixinal, siendo el orixe del mesmu el sieglu XVI. Probablemente yera'l focu de poder señorial del llugar desplazando a la torre anterior. Entá güei, cola entrá zarrá y la muria que conforma un pequeñu baluarte cuadrangular, tresmite un aire de poder señorial.

La torre ya'l palaciu

     Nel centru del pueblu, nel barriu al que-i da nome, erguese la ilesia de Santa María de Banduxu, el templu más antigüu del conceyu Proaza. Magar que la fábrica autual remóntase al sieglu XII, conozse la esistencia del templu en fontes escrites del añu 912, comu donación del rei astur Fruela II al cabildu de la catedral d'Uviéu (probablemente una de les falses donaciones del obiespu Pelayu). La construción ye cenciella, un románicu rural ensin grandes motivos decorativos. Una sola nave con bóveda de cañón, una única portada y dalgún canecín sueltu nel testeru. Paez ser que parte de los ellementos decorativos foron perdiéndose col tiempu y coles intervenciones nel templu, pudiéndose atopar dalgunos na redolada'l mesmu, quiciaes comu aprovechamientos en otres construciones civiles. Hai rastros de presencia de pintures murales nel interior. Dicin que la virxe que se alcuentra na ilesia tien un medallón que traxo Santu Toribiu ente les reliquies del Arca Santa que se alcuentren na catedral d'Uviéu. Esti medallón tendría dientro llechi de la mesma virxe María. Frente a la ilesia, rodiáu por una muria, un pequeñu cementeriu nel que entá güei síguense enterrando a los difuntos comu antañu, en tumbes na tierra presidíes por una cruz.

La ilesia de Santa María ya'l cementeiru

     Un puquiñín más arriba de la ilesia alcuéntrense dos horros en bon estáu. Nun d'ellos, alcuéntrense dalgunes de les pintures más guapes de les munches que puen vese nos horros astures. Guapes principalmente pola so orixinalidá. Representase una escena con dos caballos enfrentiaos, un prietu ya otru roxu, al tiempu que un caballeru remanez tendíu en suelu comu si hubiere cayío del roxu. Dicin que pudiere ser una remembranza de cuando el caballu del rei Alfonso VII de Castiella sofrió la muerte del so caballu pol tiru certeru d'un ballesteru na torre de Proaza. Tamién pudiere tratase de dalguna representación d'una xusta ente caballeros. Lo cierto ye que'l trazu los caballos llévame a alcordame al del caballu de la diadema de Moñes (Piloña), xoya de la orfebrería castreña asturiana, mientres que'l caballeru a los petroglifos medievales de Domingo García (Segovia). Seya comu fuere, retrotraínnos a dellos sieglos atrás, lo que-i da mayor valor al conxuntu.

Los caballos ya'l caballeru

     Nun llueñe, n'otra colondra, un llobu amuesa toa la so fiereza. En dellos llugares del mesmu horru, principalmente en lliños, albidrense pintures en blacu y prietu representando semicírculos superpuestos, un motivu bastante espardíu n'Asturies central. En otru horru cercanu, la inconfundible figura d'ún cuélebre, asemeyáu al de Vallinaescura (Maliayu), fainos saber del miéu atávicu a les sierpes, representantes del mal que nos rodia ya achisba.

El cuélebre

     El restu'l pueblu ye un nun parar, un nun parar de regodiase cola visión de casones de piedra y maera, horros col solhorru tremáu de rastros, gradies y araos romanos. Fornos en muries (dalgunu nun segundu pisu incluso). Llavaderos y bebederos pal ganáu, pequeños molinos que quiciaes, ya nun tríen el granu. Cases rehabilitaes calteniendo l'harmonía de la tradición. Praos con muries de piedra, vaques roxes, pites pintes y cabritinos. Un llugar nel que, hasta los años 80 del sieglu pasáu hebía que llegar por un camín rial d'empedráu, que nun tinía agua corriente nin elleutricidá. Un llugar nel que percorrer les cais y caleyos mirando en derredor, maravíandose de que entá güei llegare a nos tal que asina, pa que lu disfrutáremos, pa que lu cudiáremos. Pa que llevemos ellí a los nuesos fíos y yos cuntemos que, n'Asturies, n'otru tiempu, les coses yeren asina.

Reposando de la solana

Fornu y cuadra

Entrá al cementeriu

L'abandonu tamién fai actu de presencia

Tená, cuadra y pila cuchu

Molín y llavaderu

 
Banduxu dende la Toral

miércoles, 17 de abril de 2013

Les momies de Teverga



     A la oriella el ríu Valdecarzana, baxo la mole imponente de la peña Sobia, en plenu coral d’Asturies erguese dende casique milenta años la ilesia de San Pedru, antañu monasteriu y güei colexata, braeru brazu que xune’l prerrománicu ya’l románicu n’Asturies. Un edificiu fermosu, galanu, revestíu de munchos ellementos de gran interés artísticu ya hestóricu. Canecillos llabraos que entá amuesen una bona vayura de motivos resistiendo el envís de los sieglos y les inclemencies meteorolóxiques, un curiosu claustrín de maera y, ente otres ayalgues de gran valir artísticu ya hestóricu, una de les notes más curioses no que sedría l’Asturies misteriosa; les famoses momies de Teverga.
La Colexata de San Pedru, na Plaza de San Martin


     Munchu tiempu tuvi rondando por veles, pues siempre me llamó la atención les lúgubres hestories que aportaben d’aquelles famoses momies, les de unos antiguos nobles asturianos famosos pola so crueldá ya’l abusu al que sometíen a los sos vasayos. Unos homes de forca y cuchiellu que, con prerrogativa Rial, podíen impartir xusticia nel so feudu ensín tener que rendíi cuentes a naide. Unos homes, marqueses de Valdecarzana, familia del más ranciu abolengu na nobleza asturiana famosos por exercer ensin midía el drechu a pernada que les antigües lleis yos permitíen.

     Dientro la colexata, nun cuartín al fondu’l claustru, nel nomáu muséu (aunque talmente paez un trasteru), xunto a dalgunes pieces antigües comu’l mantu bordáu en oru de Doña Urraca de Ron, esposa del primer Marqués de Villacarzana y un armariu d’Ikea, amuesense les urnes que caltienen los cadáveres momificaos del segundu Marqués de Valdecarzana D. Lope Fernández de Miranda Ponce de León y Pardo y del so fíu (o’l so sobrín según sofiten otros) D. Pedro Felipe Analso de Miranda y Ponce de León.

Claustrín de maera. Al fondu a mandrecha el accesu al muséu de la colexata


     Na urna inferior, vistíu con un cenciellu traxe de llinu blancu, reposa’l marqués malditu nel recuerdu los teverganos. Poseedor d’ún importante señoríu que, con centru en Teverga foi espardiéndose por tolos conceyos cercanos, llegando a algamar tierres de Grau, Pravia o Avilés ente otros. Cruel comu bien yos prestaba ser a munchos d’aquellos homes de forca y cuchiellu, el marqués tevo muncho enclín por facer de so a les moces del llugar, faciendo ampliu usu del drechu de pernada sobre les sos vasalles. Cunten les lliendes que entá se esparden al calor d’una cocina carbón nes fríes nueches inverniegues que’l marqués nun se llimitaba a facer usu d’esti drechu con les moces enantes de casase, sinón que facíalo siempre que se-i antoxase y con quien-i peteciera. La protesta, más allá de la rabia contenía, nun yera posible. Amu y señor el mesmu yera xuez y verdugu. Munchos bastardos dexó espardíos polos valles teverganos. Y como el placer que a esa xente-i producía la humillación del sometíu nunca nun tinía llímite, a les muyeres que tiníen la desgracia de quedar preñaes, al acudir a los servicios relixosos que tiníen llugar na Colexata prohibía-yos entrar pola puerte principal, teniendo que facelo por una sita nun llateral y que dende entós tomo’l nome de puerte l’humilladeru.

El segundu marqués de Valdecarzana Lope Fernández de Miranda

     Na urna cimera, ataviá coles ropes acordies a la so dignidá eclesial, D. Pedro Felipe Analso de Miranda y Ponce de León, durante munchos años abad de la colexata de San Pedru de Teverga, ente 1720 y 1729 obiespu de Teruel, confesor particular del Rei Felipe V. Nun se sabe si esti home tamién fizo suyes les atrocidaes que cometiere so Pa, pero el so recuerdo tampocu ye bonu na memoria colectiva del valle Teverga. El respetu non foi quien a ganalu nin dempués de muertu. Talo foi que, a la momia, pesia a caltener un bon estáu de conservación, faltai la manzorga. Paez ser que n’ella tendría dalgún aniellu de valor representando la so dignidá eclesiástica. El aniellu non debió salir fácil que’l lladrón tevo que llevase la manu entera.

El fíu del marqués, Pedro Felipe Analso de Miranda


     Pué sorprender al visitante detalles comu la llimpieza nes ropes, y ye que durante munchos años los cures de la parroquia desvestíen regularmente a los señores de Miranda pa llimpia-yos les ropes. La curtia estatura del marqués o les uñes llimpies y cudiaes.

El atavíu de obiespu.


     Tradicionalmente, cuntábase que’l marqués morriera axusticiáu en pagu a los sos crímenes cometíos n’una vida d’abusu y poder. Que lu habíen pasáu a cuchiellu, y que nel so garguelu tinía la marca. El tayu nel garguelu esiste, pero’l marqués non foi asesinau. Non foi cruel la vida con elli. El marqués vivió sos caberos años recluyíu nel monasteriu los Xerónimos en Madrid. Tres la so muerte foi treslladáu a Teverga pa ser enterráu na Colexata. El orixe del tayáu que amuesa nel so garguelu nun ye conocíu.

Ropes cencielles y tayu nel gargüelu nel reposu del marqués


     Tres sieglos dempués de que aquellos homes vivieren en tierres asturianes, un curiosu procesu de momificación natural al ser enterraos en unes condiciones de calor y humedá determinaes legónos un pequeñu tesoru, una ayalga cultural, misteriosa y morbosa que, a modu de castigu polos sos desmanes en vida, terminó por convertilos en una simple atraición pa turistes y curiosos. Y yo perencantáu de tenela.

Más misterios de San Pedru de Teverga, la puerte de los misteriosos grabaos, simboloxía gremial, secretu de canteros.