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martes, 26 de julio de 2016

La memoria viva

     En un día como hoy, 26 de julio, se conmemora la figura del abuelo. Ese gran alcahuete de nuestra infancia con un papel muchas veces no valorado a tiempo, y un trasmisor de historias y conocimientos muchas veces poco aprovechados cuando no, vergonzosamente, ignorados.

     Para mi desgracia hace mucho que carezco de esas figuras en mi vida. Uno falleció muchos años antes de yo nacer en un accidente minero. A otro lo conozco más gracias a mis andanzas por archivos, pues falleció antes de cumplir yo mi primer año. Una de las abuelas la disfruté sólo unos pocos años, por lo que los recuerdos son escasos. De la última, la que más presente estuvo en mi vida, el alzheimer impidió obtener de ella todo lo que hubiera deseado.

     Curiosamente, y sin conexión directa con lo anterior, me encontraba escarbando entre mis archivos cuando me encontré con un audio y unas fotos sacadas hace un par de años. Dos señoras, tía y sobrina, de avanzada edad, relatando sus vivencias alrededor de la guerra en el pueblo de Cardosu, en el concejo de Llanes. Creo que sus recuerdos y la posibilidad aquí brindada para que no se pierdan, son una forma genial de conmemorar este día.

Antiguas escuelas de Cardosu, hoy en ruinas a excepción de la capilla.

      El día 7 de junio de 2014, salí con miembros de la asociación ARAMA a visitar unas fortificaciones de la guerra en la zona de Llanes. Dos de las fortificaciones que queríamos visitar se encontraban en Cardosu, en el concejo de Llanes. Fueron levantadas por los republicanos en agosto-septiembre de 1937 tras la debacle de Santander y la amenaza de las tropas rebeldes por el oriente asturiano. Se construyeron para cubrir la carretera general que discurría por esa población.

     Uno de los nidos se encuentra en una zona de monte arbolado, dificil de localizar, pero que finalmente cayó bajo nuestros flashes.


Nido de ametralladoras republicano al norte de la carretera nacional a su paso por Cardosu.
      El otro se encuentra en un prado anexo a una casa. Tras pedirle permiso a la propietaria, una señora de edad avanzada, pudimos visitarlo. A la vuelta, tras intercambiar algunas palabras con la señora, esta nos indicó que muy cerca vivía su tía, llamada María del Carmen Gutierrez Blanco, y que aunque era bastante más mayor, tenía la mente muy lúcida y ella si que había vivido la guerra en ese lugar y seguro que se acordaba de muchas cosas.

Nido de ametralladoras al sur de la carretera y el que nos llevó a recoger el testimonio.

     Tras seguirla un centenar de metros entramos en una casona rodeada de una alta muria de piedra que denotaba cierto abolengo. Allí nos atendió doña María del Carmen, una mujer de baja estatura pero sorprendentemente juvenil para contar entonces con 95 años. Antigua maestra, nos sorprendió gratamente no sólo por su memoria tan fresca, si no por su gran capacidad de exposición de los hechos sucedidos. Historias de combates, de hambre y necesidades, de personas ocultas por su orientación política. Un compendio de lo que fueron aquellos meses entre julio del 36 y octubre del 37.


Dentro de la vivienda parecía que casi nada había cambiado en muchos años.

     De aquella conversación, así como de la ruta turística por su casa en la que conservaba muebles y una estética casi inalterada a la de 1936, salió el siguiente audio. Aclarar también que la voz masculina que se oye hablar con doña María del Carmen es la de Guillermo Herrero, uno de los miembros y colega de ARAMA y nuestro guía aquel día.

Algunos de los presentes aquel día, con doña María del Carmen Gutierrez Blanco en el centro, con su sobrina detrás.

     Espero que os guste.



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