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miércoles, 20 de junio de 2012

La fortificación de la Peña de Candamu


                Van pasando los últimos días de la primavera. El solsticio se acerca pero el verano no quiere venir. El cielo sigue nublado, como viene estando los últimos días. Muchas de las cimas, alguno de los valles, permanecen inmersos en un océano de neblina gris, tenue y traslúcida, embriagando el aire del olor de la vegetación mojada. No es el mejor día para subir a la Peña de Candamu, pero el azar me trajo aquí y contra fuerzas invisibles de locos es luchar.

                Dejo el coche en el aparcamiento, vacío, y me acerco a la entrada de la cueva, esa maravilla artística del paleolítico, asturiano y mundial. Esta cerrada. Hoy es lunes y el lugar descansa de visitantes y vehículos. Es el día en el que la exuberante naturaleza que la rodea recupera su hegemonía.

Acceso a la cueva de La Peña. A la izquierda parte la senda que sube a la fortificación.

                 A la izquierda del camino, entre sebe y árboles, sube un pequeño sendero, apenas insinuado, lleno de barro, y con gran pendiente. Cuesta subir. Los pies patinan y es necesario ascender a pulso, agarrándose a la vegetación. La peña se yergue vertical sobre el valle. Un peñón rocoso, calcáreo, que domina este tramo del curso del Nalón, vigilando el continuo fluir de las aguas de un río que hace tiempo abandonó la geografía para convertirse en la vena que alimenta el mito de los asturianos.

               Finalizada la ascensión, corta en tiempo y distancia, fuerte en desnivel, llegamos a las primeras obras de la fortificación, un trinchera excavada en la roca siguiendo la dirección del estrato y una pequeña gruta, quizás un refugio antiaéreo o, más probablemente un polvorín.

Entrada a la galería refugio o polvorín. (Localización 1)

                La fortificación de la Peña de Candamu es una de las más llamativas e impresionantes que se pueden ver en Asturies, tanto por la magnitud de los trabajos como por el enclave escogido. Punto dominante de la cuenca del bajo Nalón, con paredes verticales en algunos sitios, reúne las características propias de los emplazamientos de las viejas torres y castillos. Incluso la misma edificación siguió pautas similares, adaptando las trincheras blindadas al contorno de la peña, como viejas murallas asentadas sobre piedra. En los diferentes crestones que sobresalen en la cumbre se fueron construyendo, unas veces sobre el nivel del suelo y otras mediante excavación de la roca madre, un amplio conjunto de fortificaciones de diversa tipología: búnkers, nido de ametralladora, galerías blindadas, puestos de observación, etc. Fue erigida a mediados del 37, pocos meses antes del fin de la guerra en el frente norte, y entre las curiosidades del lugar está la profusión de inscripciones en las áreas hormigonadas.

                Volviendo a la fortificación, apenas dejamos atrás la gruta que pudo haber sido el polvorín y hoy es refugio para ganado, aparece la primera trinchera, excavada en la roca siguiendo el curso del estrato calizo. Hacia la izquierda mirando hacia el norte, se aprecia el zigzagueo de la primera posición, una trinchera blindada en la que se ven claramente las troneras de fusilería. Por su parte, la trinchera excavada en la roca discurre recta hacia el sur, ganando en profundidad progresivamente, llegando al extremo del crestón, bajo la sombra de una gran cruz de hierro, a una pequeña posición dominante sobre San Román y el curso del Nalón.

Cruz sobre la peña ¿Símbolo exaltación de la victoria franquista o simple exposición de fervor religioso? (Localización 2)
                De este punto parte una línea de trincheras blindadas apoyadas sobre la roca madre siguiendo el perímetro de la cima de la peña por su parte sur. Los muros exteriores son de gran anchura, más de medio metro de piedra, ladrillo y hormigón con una sucesión continua de aspilleras. La techumbre de la posición fue destruida tras el fin de la lucha en el norte para extraer el hierro de los encofrados, material de gran valor en época de tanta escasez y tanta demanda en una Europa inmersa en un alocado rearme pre-bélico. Aquellas demoliciones, junto con el paso del tiempo, el abandono y la vegetación han dañado seriamente grandes tramos de la fortificación, aunque no por ello deja de resultar impresionante.

Troneras en la galería blindada (Localización 3)

Galería que asciende al fortín, y al fondo la galería sur (Localización 4)

                Dejo atrás estas primeras posiciones, y continúo por la cara este caminando cuesta arriba entre la vegetación desbocada de finales de primavera, empapándome por el orbayu que no cesa. La siguiente posición es la más destacada en cuanto a su visibilidad, pues resulta fácilmente visible desde el valle. Llego a un nuevo tramo de trinchera blindada, igualmente semiderruida, que asciende hasta un baluarte o fortín semicircular, quizás una posición artillera o un puesto de morteros, no lo sé, pero que destaca por encontrarse totalmente levantada sobre el nivel del suelo sobre un punto elevado. Tiene una única aspillera parcialmente derruida. Al igual que en la primera posición, también aquí dejaron su huella algunos milicianos, como David Solís Menéndez de Salinas (Castrillón) que dejó su rastro grabado en varios sitios. Curioso rasgo este de la conducta humana que siente la continua necesidad de dejar constancia de su paso por este mundo grabando nombres, apodos u expresiones en las paredes. Un acto que oscila entre lo incívico y el testimonio de incalculable valor.

Mensajes del pasado


Fortín intermedio y galería blindada (Localización 5)
                 A partir de aquí continúa la trinchera, cerrando la cara este en dirección norte. Nuevamente vuelvo a sentir el hallarme ante una construcción que sigue las pautas medievales, como una pequeña muralla con sus torres. En este caso los tambores, o secciones redondeadas de la trinchera, tienen por una parte las aspilleras y por la otra un pasillo, separados por una pared central, como un paso de camillas en una trinchera. También se aprecian los restos de entradas de acceso a la trinchera en varios tramos. 

Uno de los tambores con el muro interior que lo divide en dos (Localización 6)
 
Búnker en el peñón superior (Localización 7)
                Después de recorrer toda la trinchera, cubierta abundantemente por árboles y maleza llego al pié del peñón, la parte más elevada y agreste del lugar. Allí, camuflados por la piedra y la hiedra se encuentran otras dos posiciones, una cuadrangular, con tronera, que pudo haber sido un puesto de mando, y del que permanece en pie la entrada abovedada de acceso, excavada sobre la roca y con techo de ladrillo y hormigón. Pocos metros después una segunda posición, ovalada, probablemente un nido de ametralladoras destechado a excepción nuevamente de la puerta de acceso, que tiene grabada en el frontal la fecha de construcción “AGOSTO 15-37”. Desde aquí se puede disfrutar de una magnífica panorámica del valle y el río, de la vega de Aces, San Román y San Tirso, así como las estribaciones Sierra Sollera, con el Picu Cogollu y el Cado, donde se encontraban las posiciones nacionales durante la ofensiva de las columnas gallegas que intentaban romper el cerco de Oviedo. 

Nido de ametralladoras localizado junto al peñón (Localización 8)


                Tras descender del peñón y observo cómo semiocultos bajo un mar de musgo y pequeños árboles se adivinan posibles restos de construcciones, quizás restos de construcciones auxiliares u otras edificaciones destruidas.  Encaminándome de vuelta a la senda de acceso paso junto a la trinchera blindada que zigzagueaba entre la hierba que había visto al principio. Se conserva bastante bien pese a las destrucciones de rigor, pero tengo tal caladura encima que no me animo a sumergirme en un metro de vegetación chorreante y escayos amenazantes. Bastante me queda con volver al coche, descendiendo por la pendiente embarrada intentando no terminar rodando por el suelo. Pero pese a todo mereció la pena acercarse aquí, con la humedad y el orbayu, para conocer un poco más de nuestra historia y de uno de esos rincones que tanto abundan en esta tierra y que tan desconocidos nos resultan. Una peña en la que el hombre se ha empecinado en dejar impresa su huella a lo largo de los tiempos.

Trinchera blindada (Localización 9)


Vista aérea de la fortificación de la Peña con las localizaciones de las posiciones citadas

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